Dos anillas perfectamente apretadas pero mal alineadas fuerzan el tubo. A la vista, el montaje parece correcto; en uso, la mira trabaja, los reglajes derivan y el tubo se marca en los puntos de contacto. Es un defecto que se instala despacio y que uno termina atribuyendo a la óptica.
Antes de apretar, apoya la mira sin forzar: debe asentarse en las dos medias anillas sin empujones. Si bascula o pide esfuerzo, hay que rehacer la alineación. Un montaje que se arma sin tensión se desarma y se vuelve a armar sin perder el cero.
Cada fabricante indica un par de apriete para sus anillas, y a veces un par distinto para el tornillo del riel y para los de las medias anillas. Esos valores no son decorativos: si aprietas de menos, la anilla se corre; si aprietas de más, el tubo se deforma y la mira pierde precisión.
Aprieta en cruz, con incrementos pequeños, alternando los tornillos. Una llave dinamométrica de armero cuesta menos que una mira para reemplazar, y evita el apriete «a ojo» que varía según el cansancio.